Comedor Social "San Juan Bautista de la Concepción" (Córdoba)

 

Testimonios

Volver

PREMIO LUZ DE CÓRDOBA”

 

SEMBLANZAS

 

Esta noche tengo la gran satisfacción de hacer una semblanza de la hermana Antonia y de la hermana Asunción, por haber obtenido el premio “Luz de Córdoba” que le otorga Presencia Cristiana, en reconocimiento de una vida dedicada al testimonio de los valores evangélicos.

 

La voy a hacer con algunos datos biográficos, pero sobre todo, a su propio estilo de vida, que gusta y aprecia el sabor de lo sencillo, de lo que pasa desapercibido, de lo que no relumbra, pero que actúa a modo de sal o levadura y sin que casi se aprecie, va marcando caminos nuevos.

 

Las propuse como candidatas a este premio, pues al conocer el comedor social de los Trinitarios, también tuve la oportunidad de conocer más de cerca la labro que durante 20 años están desarrollando aquí las Hermanas Antonia y Asunción: mujeres de fe robusta y con una fuerte sensibilidad social, especialmente hacia los más pobres, y desde su vocación trinitaria saben acercarse a ellos con entrañas de misericordia: poniendo bálsamos allí donde hay herida, alegría donde hay tristeza, reconciliación donde hay ruptura y esperanza donde hay desencanto.

 

Pero como dice el Evangelio en Mt (5.14-16). La luz no se pone bajo el celemín sino sobre el candelero, para que alumbre a cuantos hay en la casa, y viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre Celestial.

 

Por eso, esta noche nos encontramos aquí, para reconocer públicamente y poner sobre el candelero la trayectoria de unas vidas totalmente entregadas al servicio de los demás, con un carácter eminentemente humano pero enchidas de Dios.

 

La Hermana Antonia profesa en el Instituto de la Santísima Trinidad, el día 12 de Octubre de 1967. Durante 14 años trabaja como auxiliar de clínica en el hospital Puerto Sagunto de Valencia y en Vilvestre en una residencia de ancianos. En Córdoba ha prestado sus servicios en la Residencia de Ancianos de San Rafael, mientras la han regentado los Padres Trinitarios, y actualmente dirige y atiende el comedor “San Juan Bautista de la Concepción”, conocido como el comedor de los Trinitarios.

 

Fuera de su servicio al comedor ha atendido a un grupo de mujeres prostitutas, rehaciendo en algunas su trayectoria vital.

 

La Hermana Asunción profesa en el Instituto de la Santísima Trinidad el día 2 de Julio de 1951. En su formación académica obtienen el título de enfermera. Ha desempeñado este servicio en diferentes hospitales de la Seguridad Social de Bilbao y Vigo. Actualmente dirige y atiende el comedor social de los Trinitarios.

 

Pero las Hermanas Antonia y Asun en su opción fundamental por Jesucristo y su misión humanizadora, les lleva a unos criterios, actitudes y compromisos en sus vida: la opción preferencial por los pobres y desde esta opción viven el amor fraterno, no como un amor genérico, sino como un amor práctico, afectivo y efectivo, que no excluye a ningún ser humano que tenga necesidad. La persona de Jesús es el referente que les hace comprender que ese amor sí es posible.

 

Por ello, estas dos mujeres valientes, seguras y firmes para vivir en coherencia con su fe, aceptan con gozo el ofrecimiento que les hizo la Madre General: un nuevo destino en Córdoba, para poner en marcha el comedor social de los Trinitarios.

 

 Es en el año 1989 cuando inician juntas un nuevo camino de vida evangélica, en un proyecto, para atender a los más necesitados y excluidos de nuestra ciudad: los que carecen de hogar, o si lo tienen viven en situación muy precaria, ancianos, transeúntes, inmigrantes sin empleo en riesgo de exclusión social y un largo etcétera.

 

Este es el perfil de las personas que cada día llaman a las puertas de este comedor, promovido por la Providencia, como así gusta llamarle a las Hermanas Antonia y Asun, pues existen numerosos testimonios, difícil de resumir aquí que así lo confirman. Ellas fueron las que con su constante trabajo, esfuerzo y entrega sirvieron de roca para levantar y hacer posible este proyecto, con escasos medios y con la mayor austeridad posible cumplieron con un deseo de acercarse al pobre, al que sufre, para compartir con él su carga.

 

Así lo expresa la Hermana Antonia, transcribo literalmente: “Abrimos el comedor hace dieciocho años y desde entonces aquí entran todos los que llegan y a la hora que lleguen sin avisar previamente y sin exigirles ningún requisito, pues ellos son los preferidos del Señor y se lo merecen todo. Cuando llegan, desayunan, se les da ropa limpia, se duchan, se afeitan, comen y les damos una bolsa para la cena. Lo hacemos con mucha ilusión y cariño, sabiendo que cuanto mejor lo hagamos con ellos el Señor mejor lo hará con nosotras y así día a día vamos descubriendo su Rostro en nuestros hermanos necesitados. Te dan ejemplo cuando los ves compartiendo lo poco que tienen; hay algunos que llevan viniendo mucho tiempo al comedor y los quieres de todo corazón”.        

 

 Yo diría que lo aman con el mismo corazón de Cristo, si no ¿Cómo se explica que las Hermanas Antonia y Asun, terminados los servicios del comedor, salieran todas las noches, cuando los tiempos eran más seguros, a buscar a sus pobres allí donde se cobijaban: Molino del río, claustro contiguo a la iglesia de San Francisco, murallas del Ayuntamiento, entre otros. Y ante tanto desamparo y soledad ellas le llevan lo que tienen: compasión y comprensión, cercanía y apoyo para buscar juntos un camino de salida al laberinto pantanoso en el que algunos vivían.

 

¡Es asombroso ver como personas sencillas y humildes puestas en las manos del Señor son verdaderas fuentes de vida!

 

Justo es reconocer que las hermanas nunca han estado solas en este proyecto. Los primeros años fue el Padre Lázaro (trinitario) el que les prestó ayuda y el apoyo moral que necesitaban en aquellos tiempos tan difíciles para el comedor.

 

Hoy cuentan con la intervención profesional del Padre Evelio (trinitario) que desarrolla un programa para la atención, promoción e inserción social de estas personas, promoviendo el derecho básico a una vida digna de todos y cada uno de los seres humanos.

 

Y siempre han contado con un voluntariado comprometido y con sentido de responsabilidad. Lo forman un grupo de 25 personas de distintas parroquias que colaboran con espíritu de servicio a las necesidades del centro.

 

Todas estas virtudes sólidas que adornan a nuestras galardonadas, y que esta noche hemos querido poner sobre el candelero como indicadores de que nuestro compromiso y nuestra credibilidad como cristianos, depende, en gran medida, de la transparencia del amor fraterno que vivamos. Y si en nuestro itinerario no llegamos a ser focos ni antorchas, al menos seamos como el gusano de luz, pequeño y humilde, pero que va dejando su estela minúscula de luz.

 

Antonia Jiménez

(Asoc. Presencia Cristiana)

 

Volver

 

 

Resolución de la web: 800 X 600 ó 1024 X 768

Copyrihgt: Fundación Prolibertas

Convento Religiosos Trinitarios

c/ Cruz Blanca, 25

29200-Antequera (Málaga)

Tlf. y fax: 952 84 21 69

info@prolibertas.org