Desde las tierras marroquíes

Al Hoceima es una pequeña ciudad muy acogedora y agradable, en un lugar privilegiado en cuanto a la historia y el carisma redentor. Vivimos a 251 km de Fez, 234km de Tetuán y a 416km de Mequínez, ciudades que resuenan mucho en nuestra mente y corazón trinitarios, porque se hicieron bastantes liberaciones de cautivos en estos lugares y, además, algunos de ellos contaron con presencia permanente de religiosos o laicos.

Los tiempos cambian y cambia también el fenómeno de las esclavitudes, persecuciones, pobrezas y sufrimientos de las personas y de los pueblos donde nosotros seguimos estando presentes. Los trinitarios llevamos dos años y medio aquí y nuestro empeño en Al Hoceima es hacernos conocer, estar al servicio del pueblo y acompañar y apoyar a las personas migrantes y pobres que abundan, especialmente en estos tiempos de pandemia en que nada parece seguro.

Vivimos en un edificio grande, construido en los años 20 del siglo pasado y en el estilo conventual que nos dejaron los frailes franciscanos y que se ha hecho de nuevo más habitable durante el tiempo que llevamos aquí. Compartimos el edificio con los hermanos franciscanos de Cruz Blanca. Ellos acogen jóvenes discapacitados del pueblo y alrededores y trabajan con ellos en un hermoso centro que se encuentra en el mismo complejo, llamado “Dar el Salam”.

Comunidad, familia

En nuestra iglesia de “San José” formamos una comunidad parroquial pequeña por ser una minoría, casi insignificante, dentro de una sociedad musulmana que se hace notar mucho, sobre todo, por las llamadas a la oración cinco veces al día desde bastantes minaretes a la vez.

La comunidad parroquial está formada por los religiosos que vivimos aquí: las Hijas de la Caridad que trabajan en el hospital local, los Franciscanos de Cruz Blanca y nosotros dos. Además, hay un grupo de estudiantes subsaharianos que tienen becas y cursan sus estudios como internos aquí y en un pueblo cercano. Ellos animan la Eucaristía formando un coro y haciendo de lectores y monaguillos. Teniendo un colegio español en la ciudad, también suele acudir algún profesor a la iglesia. Hay también bastantes inmigrantes que vienen a celebrar con nosotros. Algunos son conocidos porque los acompañamos durante la semana por sus, muchas veces, muy graves situaciones.

Siguiendo las reflexiones y consejos del Papa queremos soñar “con una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.” (Fratteli tutti, 9).

Proyectos

Hemos iniciado tres proyectos que además nos ilusionan. El primero es el trabajo con las personas migrantes que pasan por nuestra zona. Formamos parte de la Delegación Diocesana de Migraciones (DDM), que está dividida en zona occidental, que incluye Tánger y Tetuán, y zona oriental, a la que pertenecemos Nador y Al Hoceima. Nos coordinamos y comunicamos frecuentemente para poder estar informados y mejorar la calidad del trabajo ofrecido a esta población tan vulnerable.

Los migrantes suelen estar máximo unas semanas por aquí porque en esta provincia no hay trabajo y es difícil para ellos encontrar un lugar donde poder dormir. Hay hombres y mujeres, algunas embarazadas o con bebés, de países de habla francesa y de habla inglesa, con historias muy diversas y con situaciones que son muy difíciles de solucionar.

Citando de nuevo la encíclica del Papa: “Los que emigran tienen que separarse de su propio contexto de origen y con frecuencia viven un desarraigo cultural y religioso. La fractura también concierne a las comunidades de origen, que pierden a los elementos más vigorosos y emprendedores, y a las familias, en particular cuando emigra uno de los padres o ambos, dejando a los hijos en el país de origen.” (Fratelli tutti, 38). Desgraciadamente, inmigración es sinónimo de sufrimiento, de delincuencia, de mafias, de droga, de trata de personas, de violencia… Los sueños de las personas decentes no entienden de fronteras ni de papeles legales o ilegales. En realidad, de una u otra manera, todos somos emigrantes de un solo mundo.

Junto con Maira, una mujer de Guinea Bissau y Hafid, un hombre marroquí, formamos el equipo de DDM de Al Hoceima. Atendemos a las personas en todos los ámbitos posibles. Maira es enfermera y suele atender a muchas personas por sus problemas de salud y de higiene. Aquí se pueden duchar, cambiar de ropa y les entregamos kits de higiene, kits de alimentos y, lo que es lo más importante, intentamos escucharlos para conocerlos, saber cuáles son sus necesidades y hacerles ver que aquí tienen un lugar donde pueden descargar y contar lo que no pueden contar en la calle o en sus refugios precarios.

En los últimos meses del año 2020 atendimos a unas doscientas personas. Les damos talleres de higiene, sensibilización, nociones de alimentación infantil, y todo tipo de informaciones que les pueden servir. También tenemos que estar al día con los lugares donde ellos están viviendo. Hafid va haciendo viajes a diferentes lugares de la zona y habla con los lugareños para averiguar dónde pueden estar.

Al servicio

Queremos también estar al servicio del pueblo rifeño, así que se ha iniciado el programa “ANA” para ayudar en la promoción de las mujeres vulnerables de Al Hoceima. A causa del Covid el número de mujeres que se encuentran cinco días de la semana en nuestra casa es reducido. Cada una de ellas va contando poco a poco también su situación y muchas viven realidades muy precarias por vivir en condiciones de abandono o de pobreza. Ahora mismo son 9 mujeres que, según ellas, “disfrutan” de estar juntas y animadas por Ibtissam, una joven monitora (sobrina de Naima, una señora que nos apoya en todo lo que tiene que ver con la burocracia local y nacional) y Shadia que también pone mucha ilusión y motivación en su trabajo.

Queremos que estás mujeres tengan un espacio para el desarrollo personal, familiar, social, cultural, laboral y educativo donde mejoren su calidad de vida y su participación activa en todo cuanto les afecte y para que lleguen a ser protagonistas y artífices de su propia historia. Este proyecto se está realizando gracias al programa de Cooperación al Desarrollo de nuestra Fundación Prolibertas, con la financiación del Ayuntamiento de Antequera y de varias cofradías trinitarias y grupos del Laicado Trinitario.

Otra alegría en la casa son las dos tardes de la semana que Ibtissam y Salma (hija de Mounain y Anissa, que son gran amigos de la comunidad y nos ayudan en casi todo) dan apoyo escolar a doce niños y niñas que tienen dificultades en sus estudios. Este proyecto al que llamamos “Centro Cultural San José” está promovido por la tertia pars de nuestra Provincia trinitaria de España y también tiene mucho futuro en cuanto mejoren las circunstancias causadas por la pandemia.

La convivencia agradable y el respeto que se respira en estas tierras, siendo nuestra pequeña comunidad una minoría y además extranjera, hace que uno se pueda enamorar de este lugar tan hermoso y acogedor.

La Comunidad de Al Hoceima

22 de febrero de 2021

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